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sábado, 9 de febrero de 2013

Bajísimos conceptos en esta nota del diario La Nación acerca de las plazas enrejadas.

En el término de apenas diez días, los habitantes de Buenos Aires se han visto sorprendidos una vez más por un conflicto que hizo eclosión la noche del lunes 28 de enero con enfrentamientos, destrozos y la intervención de la Policía Metropolitana, siguió el jueves 31 con un festival artístico y terminó aparentemente el pasado viernes 1° con la intervención de la justicia porteña para dar por solucionado el problema. Nos estamos refiriendo, por supuesto, a lo sucedido con las obras para enrejar el parque Centenario, que derivaron en un nuevo e innecesario conflicto vecinal que hasta tuvo varios detenidos, además de una investigación abierta para establecer si hubo "exceso de violencia" en el mencionado operativo policial. Considerando que ya son 80 los parques y plazas cercados en la ciudad de Buenos Aires (es decir, casi uno de cada tres espacios verdes), y con bastantes resultados positivos a la vista, hubiera parecido ocioso desde el principio recurrir a una tan desbordada discusión. Sin embargo, los protagonistas de los reclamos -entre otros, vecinos presuntamente afectados por la medida, puesteros, manteros y algunos grupos de militantes de partidos opositores- decidieron seguir el mismo camino de siempre: el de una oposición cerrada y cerril, que terminó como era de prever con la desestimación, por parte de la justicia porteña, de la medida cautelar para frenar por 48 horas la instalación de las rejas, hecha por la jueza de feria Andrea Danas en respuesta al pedido de asambleístas que rechazaban la colocación del cerco perimetral. Se ha vuelto una costumbre peligrosa esto de levantarse contra cualquier decisión que provenga de una autoridad porteña con recurrentes movilizaciones y ocupaciones (como es el caso de la sala Alberdi, del Centro Cultural San Martín, recientemente comentado en estas columnas, transformado ya en una verdadera usurpación). Aunque las autoridades del gobierno de la ciudad tienen el deber de atender a las necesidades y expectativas de todos los ciudadanos, también es cierto que, en este caso del parque, hubo una mayoría de residentes de la zona, muchos agrupados en la Asociación Civil Vecinos de Parque del Centenario, que acordaban con la medida del enrejado. Es que la realidad cotidiana se imponía por sí misma: una simple recorrida realizada por la zona durante el día revelaba que la venta ambulante, la oferta de frutas y verduras, la presencia de choripanes y panchos convivía con los puestos de libros y artesanías reconocidos legalmente. Vale la pena recordar también que las obras encaradas por el gobierno de la ciudad van más allá del simple enrejado en disputa, sino que se proponen devolverle a este parque la belleza y habitabilidad integrales que tuvo alguna vez, para disfrute de todos los vecinos de Caballito. Los trabajos están valuados en 12 millones de pesos e incluyen, entre otros, la reposición de luminarias, pintura de bancos y de patios de juego, la instalación de juegos de vanguardia y de una posta aeróbica. Desgraciadamente, es la necesidad de proteger el espacio público del vandalismo la que ha hecho nacer la modalidad de los vallados. Los enrejados de plazas y parques públicos porteños aparecieron en 1995, cuando fue inaugurado el cerco de 500 metros que rodea al Rosedal de Palermo y que en su momento también despertó reacciones adversas que después se revirtieron totalmente ante la recuperación completa del jardín de rosas y del paseo en general. Es, por otra parte, una tendencia en el mundo entero, pero en el caso particular de la ciudad de Buenos Aires revela, también, otra muestra del fracaso de la educación y de la imposibilidad de convivir pacíficamente como comunidad, pensando antes en el bien común que en las posibles diferencias ideológicas. Es de desear que las obras de recuperación de este importante pulmón verde porteño puedan arribar, concluir y beneficiar a todos los habitantes de la ciudad, además de recordarles a todos que en una democracia hay maneras de reclamar por lo que se considera un derecho sin querer imponer a toda costa y mucho menos violentamente las reglas propias...
http://goo.gl/Wob6N


1 comentario:

Daniel Mancuso dijo...

Parece un aviso publicitario del PRO, de esos que se venden en los diarios a página completa, es evidente la defenza que hace la Tribuna de Diatribas al Jefe de Gobierno municipal, son socios en los negocios, abrazo