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de acción pequeña pero contribuyente.
¡AMELIA VENCE!

lunes, 10 de diciembre de 2012

HAY QUE COMPADECERLOS (Oliverio Girondo)

 No saben.
¡Perdónenlos!
No saben lo que han hecho,
lo que hacen,

por qué matan,
por qué hieren las piedras,
masacran los paisajes…
No saben.
No lo saben…
No saben por qué mueren…

Se nutren,
se han nutrido
de hediondas imposturas,
de cancerosos miasmas,
de vocablos sin pulpa,
sin carozo,
sin jugo,
de negras reses de humo,
de canciones en pasta,
de pasionales sombras con voces de ventrílocuo.


Viven
entre lo fétido,
una inquietud de orzuelo,
de vejiga pletórica,
de urticaria florida que cultiva el ayuno,
el sudor estancado,
la iniquidad encinta.


No creen.
No creen en nada
más que en el moco hervido,
en el ideal,
chirriante,
de las aplanadoras,
en las agrias arcadas
que atormentan el éter,
en todas las mentiras
que engendran las matrices de plomo derretido,
el papel embobado
y en bonina.

Son blandos,
son de sebo,
de corrompido sebo triturado
por engranajes sádicos,
por ruidos asesinos,
por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo,
para hundirles sus uñas de raíces cuadradas
y dotarlos de un alma de trapo de cocina.

Solo piensan en cifras,
en fórmulas,
en pesos,
en sacarle provecho hasta a sus excrementos.
Escupen las veredas,
escupen los tranvías,
para eludir las horas
y demostrar que existen.

No pueden rebelarse.
Los empuja la inercia,
el terror,
el engaño,
las plumas sobornadas,
los consorcios sin sexo que ha parido la usura
y que nunca se sacian de fabricar cadáveres.

Se niegan al coloquio del agua con las piedras.
Ignoran el misterio del gusano,
del aire.
Ven las nubes,
la arena,
y no caen de rodillas.
No quedan deslumbrados por vivir entre venas.
Sólo buscan la dicha en las suelas de goma.
Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo.

Son capaces de todo con tal de no escucharse,
con tal de no estar solos.

¿Cómo
cómo sabrían
lo que han hecho,
lo que hacen?

¿Algo tiene de extraño
que deserten del asco,
de la hiel,
del cansancio?

Solo puede esperarse
que defienden el plomo,
que mueran por el guano,
que cumplan la proeza
de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo,
para que el hambre extienda sus tapices de esparto
y desate su bolsa ahíta de calambres.

Son ferozmente crueles.
Son ferozmente estúpidos…
Pero son inocentes.

¡Hay que compadecerlos!

2 comentarios:

Fernando Delgado dijo...

que buen momento para un Oliverio, gracias por hacerlo presente Horacio.

fuerte abrazo
Fernando

Moscón dijo...

Perdón?A perdonar la ironía de Girondo llego dada la ternura con que enmascaraba su bronca.
Pero para los adoradores de Onán no me da el cuero,si me perdonan.
No puedo perdonar a los que eligen cagar a millones en favor de unos pocos con antojadizas interpretaciones de la ley como bien supremo cuando la realidad los aplana con la fuerza de la verdad.